7 tareas para elevar la autoestima

Cuando hablamos de autoestima, nos referimos a  la valoración que hacemos de nosotros mismos, de quienes somos, de nuestra imagen, de nuestro comportamiento y generalmente lo asociamos y comparamos con un ideal, con “cómo nos gustaría ser”.

A veces esta evaluación es ajustada y nos vemos de una forma más o menos objetiva. Sin embargo, en otras ocasiones,  podemos tender a realizar una valoración negativa de nosotros mismos, evaluando nuestras capacidades y nuestras cualidades por debajo de la realidad.

Podemos mostrar sentimientos negativos hacia nosotros mismos, reprocharnos constantemente las decisiones que tomamos, pensar que cualquier otra opción había sido mejor, o bien tener la impresión de no ser como desearíamos ser. Una autovaloración personal negativa puede influir en nuestro estado de ánimo y hacer que nos sentamos tristes, que dejemos de hacer cosas que antes nos gustaba hacer, que no seamos capaces de afrontar nuevos retos o enfrentarnos a cambios.

¿Podemos cambiar esto? Claro, podemos empezar poco a poco a hacer que nuestro cerebro cambie el enfoque, y comience a ver cosas que antes no se fijaba, podemos realizar actividades que nos hagan sentir bien y más concentos con nosotros mismos. Podemos valorar pequeñas cosas, dejar de procrastinar, introducir nuevos cambios y lo podemos hacer desde ya.

Por eso a continuación podéis descargar un pequeño PDF en el que se plantean 7 pequeñas tareas diarias para empezar el cambio ¿te atreves?

 

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¿Qué hacer, como padres, ante el acoso escolar?

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El acoso escolar se define como la acción repetida de acoso u hostigamiento entre dos alumnos/as o entre un alumno/a y un grupo de compañeros en el cual la víctima está en situación de inferioridad respecto al agresor o agresores. Según los últimos estudios, el bullying o acoso escolar, puede dejar secuelas psicológicas similares a las de un abuso (Espelage & Sung Hong, 2016).

Existen diferentes formas de acoso, puede ser bien verbal (insultos, motes, humillaciones, etc.) el físico (peleas, patadas, puñetazos, ruptura de objetos personales, etc.) el psicológico (amenazas, manipulaciones, etc.) y el social (aisalmiento, ignorar, rechazo…).

Es complicado explicar por qué se producen estas situaciones, sabemos que amanece en Educación Primaria y se acentúa en torno a los 12-15 años. Las agresiones empiezan generalmente con disputas verbales (motes, insultos) y si el agresor o los agresores observan que el alumno no se defiende o no tiene apoyos, tiende a aumentar.

Aunque no hay un perfil determinado de agresor o de víctima, sí que encontramos ciertos patrones orientativos: falta de empatía en la figura del agresor o un ambiente sobreprotector en el perfil de la víctima, en el que la asertividad no está tan desarrollada y le cuesta marcar los límites y hacerse respetar.

Cualquiera de las dos opciones es estar en el problema y es igual de importante impedir que el acosador siga acosando, como que la víctima siga sufriendo.

¿Qué se puede hacer como padre para detener o evitar la situación?

Una vez que se conoce el problema, se debe actuar en asociación con el centro educativo y mostrar a la víctima, que tiene nuestro total apoyo y que puede confiar en nosotros. Los niños deben de saber, sean víctima o meros espectadores en el aula, que informar al colegio o los padres no es chivarse sino es ser justo y pedir ayuda.

Si no nos ha contado nada pero observamos  cambios de conducta como por ejemplo absentismo o evitación a la hora de ir al colegio, una reducción de su interacción social, si se nota cierta tristeza, ansiedad o ha empeorado su rendimiento académico, es el momento de hablar con él/ella para conocer qué está ocurriendo. Igualmente hay que estar atento si pierde o rompe material escolar o dinero, si le duele frecuentemente la cabeza o el estómago, si pierde peso y apetito o si tiene pesadillas.

Con los adolescentes es algo más complicado la actuación de los padres y éstos dudan si intervenir o no, a veces los adolescentes no quieren que sus padres intervengan en el conflicto porque sienten que esto podría empeorar la situación, pero siempre ha de mostrarse total apoyo y comprensión. Todas las decisiones se tomarán consultándole a él y dándole la seguridad de que  será partícipe de la resolución del conflicto, para que no tema represalias ni piense que alguien lo está haciendo por él. Reforzar su autoestima, va a ser una actividad importante en donde habrá que  recordarle sus virtudes y sus logros, las cosas que ha hecho bien hasta ahora y las fortalezas que le pueden ayudar a resolver conflictos futuros.

Los pasos que podríamos seguir serían los siguientes:

  1. Conocer con detalle los hechos: escucha al niño sin interrumpir, toda la situación, pregúntale por sus sentimientos y valóraselos (“entiendo que estés asustado yo también lo estaría si…”)
  2. Ponerse en contacto con el profesor, con la dirección del colegio y con el jefe de estudios para explicarles lo que ocurre y que puedan poner en marcha el protocolo de actuación.
  3. No fomentar agresividad ni venganza en el niño, podría empeorar la situación
  4. Enseñarle la importancia de ser asertivo: saber decir que no, ignorar las provocaciones verbales, mantener la calma, actuar firme, sin temor, responder sin insultar, etc. y también enseñarle cómo hacerlo, ponerle ejemplos de situaciones alternativas y que las practique poco a poco ( primero rol playing, luego con amigos o hermanos, luego con conocidos, etc..)
  5. Si el acoso no se detiene y/o aumenta, ponerse en contacto con un abogado.
  6. Dependiendo del grado de ansiedad y de miedo un psicólogo puede ser de ayuda tanto al niño como a la familia para conocer pautas de cómo actuar en la situación
  7. Es importante mantener la calma y ser positivo, pensando siempre en soluciones

También es interesante enriquecer la vida del chico con nuevas oportunidades: animarle a que realice a alguna actividad que le interese fuera del colegio de forma que pueda establecer nuevas amistades y se sienta más seguro, acompañado y con mejor autoestima.

Trabajar a autoestima, la asertividad y la seguridad en sí mismo son asignaturas que debemos de tener en cuenta en el día a día de los pequeños, ya que son una base importante de sus logros y relaciones futuras.

 

Espelage, D. & Sung Hong, J. (2016) Recollections of childhood bullying and multiple forms of victimization: correlates with psychological functioning among college students. Social Psychology of Education (1-14)

 

Teresa Gallego Álvarez

Doctora en psicología

Gabinete de psicología y salud. CUÁNTICA

C/ Vargas 55A 3º

Santander (Cantabria)

Llegar a acuerdos evitando enfrentamientos

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Poder lograr acuerdos es una de las bases fundamentales para quienes estamos en contacto directo  con otras personas en una relación directa, o en un equipo, donde hay que conseguir un objetivo. En las consultas médicas o psicológicas depende en gran medida de estos acuerdos, que quien acuda tenga adherencia al tratamiento o pueda seguir unas recomendaciones que nosotros pensamos va a ser uno de los caminos hacia una solución de un problema. Si no hay acuerdo en seguir estas pautas, no hay resultados.

Igualmente los acuerdos se dan en otros ámbitos: entre familiares, con el grupo de amigos, con compañeros de actividades deportivas, etc. Muchas de las acciones del día a día necesitan un acuerdo.

En ocasiones los acuerdos son sencillos, las opciones gustan a ambas partes y más o menos se resuelve de forma fácil. Pero otras veces, esto cambia y llegar a un acuerdo puede ser mucho más complejo. Tal vez las pautas que el médico recomienda no son asequibles para la otra persona porque dista mucho de una rutina que pueda llevar a cabo, no tiene recursos económicos, choca con los valores, requiere una identificación de rol de enfermo para la que no está preparado. O tal vez las condiciones que plantea nuestro hijo en cuanto a horarios, no se ajusta a nuestras normas familiares y esto complica el logro de un acuerdo.

¿Con qué técnicas contamos que nos puedan ayudar en estos aspectos?

Si hiciésemos una vista por los aspectos básicos que se requieren a la hora de facilitar un acuerdo, podríamos encontrar algunas pinceladas. No es todo tan sencillo, ni existe una receta mágica que nos resuelva el conflicto, pero sí pequeñas ideas que ayuden a conseguir una negociación de forma más sencilla:

Lo primero es preguntar: ¿Qué le preocupa a la otra parte? ¿Qué razonamiento da en base a que cuestiones? ¿Qué información tiene sobre el problema? Por ejemplo en el ámbito médico de nuevo ¿Qué sabe el paciente sobre la enfermedad? ¿A qué lo atribuye? ¿Cómo cree que se puede solucionar?

Conocer lo que la otra parte sabe nos da pistas de cómo podemos ver la situación desde el otro punto de vista, con el mapa de la otra persona y esto aclara muchas dudas y nos permitirá adaptar nuestras ideas a su mapa mental. Escuche activamente, hasta la última gota., y pregunte. Por ejemplo “ante estas situaciones, todos tenemos algunas ideas ¿Cuáles son las suyas/tuyas?” “¿Qué sabe/s del problema?” ¿”Ha/s pensado en algunas soluciones?” (Ruiz Moral, 2014)

Aceptar: aceptar la visión que tiene la otra parte no significa compartir, sólo valorar que su visión es tan real como la nuestra.

Informar: aportar información, lo que nosotros sabemos sobre lo que ocurre. Si somos profesionales, nuestros conocimientos y experiencias en la materia. Si somos amigos o familiares, datos que tenemos, experiencias, miedos y creencias.

No justificar nuestra opción de entrada: si hacemos esto, cerraremos una vía  de comunicación. Daremos nuestra opinión y aportaremos la información de la que dispongamos después de escuchar a la otra parte porque así será más fácil adaptar la información y desmontar otros argumentos.

Ser oportuno: no se resuelven conflictos, ni se hacen acuerdos cuando estamos cansados, con una emoción intensa, agobiados, etc…. Hace falta tener un buen momento para ello

Proponer pequeñas metas que la otra persona esté dispuesto a aceptar y preguntar si podrá llevarlo a cabo (después iremos aumentando los objetivos si fuese necesario hacia una meta final). Esto es muy útil en objetivos de tratamiento y en logros que requieren constancia y mantenimiento hasta conseguir la meta final.

Puede hacer un “quid pro quo”: a cambio de un paso de la otra persona, nosotros nos comprometemos a otro pequeño paso a cambio. Sobre todo en cuestiones de negociaciones en pareja o familiares.

Asegurarnos y preguntar si el acuerdo es aceptable para ambas partes y también qué cosas podrían hacer que no se cumpliese el acuerdo y cómo lo van a resolver

Y si no hay acuerdo, asumirlo: aceptar que no hemos llegado a ningún acuerdo, ya es un acuerdo. Y tal vez en otro momento esto haya abierto una puerta.

No existen pautas que nos resuelvan las interacciones de forma automática,sí existen pequeñas guías para poner en práctica ideas y, en muchas ocasiones, salir del “más de lo mismo” que nos enrocan en discusiones infructuosas. Lo más importante, cuando hablamos con otra persona, es la escucha y entender por qué la otra parte piensa lo que piensa, qué razones tiene para ello y que intención hay debajo. De esta forma, al ver el mundo desde la otra perspectiva, nos ahorraremos muchas discusiones e intentos de convencer que raramente llegan al acuerdo.

 

Ruiz Moral, R. (2014) Comunicación clínica. Madrid: Panamericana.

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