7 tareas para elevar la autoestima

Cuando hablamos de autoestima, nos referimos a  la valoración que hacemos de nosotros mismos, de quienes somos, de nuestra imagen, de nuestro comportamiento y generalmente lo asociamos y comparamos con un ideal, con “cómo nos gustaría ser”.

A veces esta evaluación es ajustada y nos vemos de una forma más o menos objetiva. Sin embargo, en otras ocasiones,  podemos tender a realizar una valoración negativa de nosotros mismos, evaluando nuestras capacidades y nuestras cualidades por debajo de la realidad.

Podemos mostrar sentimientos negativos hacia nosotros mismos, reprocharnos constantemente las decisiones que tomamos, pensar que cualquier otra opción había sido mejor, o bien tener la impresión de no ser como desearíamos ser. Una autovaloración personal negativa puede influir en nuestro estado de ánimo y hacer que nos sentamos tristes, que dejemos de hacer cosas que antes nos gustaba hacer, que no seamos capaces de afrontar nuevos retos o enfrentarnos a cambios.

¿Podemos cambiar esto? Claro, podemos empezar poco a poco a hacer que nuestro cerebro cambie el enfoque, y comience a ver cosas que antes no se fijaba, podemos realizar actividades que nos hagan sentir bien y más concentos con nosotros mismos. Podemos valorar pequeñas cosas, dejar de procrastinar, introducir nuevos cambios y lo podemos hacer desde ya.

Por eso a continuación podéis descargar un pequeño PDF en el que se plantean 7 pequeñas tareas diarias para empezar el cambio ¿te atreves?

 

Descarga pdf

Evitar discusiones: la asertividad

En ocasiones la expresión de ideas o sentimientos de una forma clara, directa y equilibrada, sin herir a otra persona, son actividades difíciles de llevar a cabo y más aún cuando existe un desacuerdo entre dos personas. Esta habilidad, denominada  asertividad, puede entrenarse y con ello mejorar la comunicación con el entorno, y a la vez, factores relacionados con la autoestima.

Algunas de las técnicas más aconsejadas para poner en práctica esta capacidad, son:

1. El disco rayado.

Consiste en mantener la idea u opinión propia, repitiendo constantemente el mismo mensaje, con tranquilidad, sin entrar en discusiones ni provocaciones. Algunos ejemplos son frases como “ya sé que… pero yo…”, “entiendo tu punto de vista, pero…”, “entiendo que sientas…., pero….” “es verdad, pero en este caso…”

2. El banco de niebla.

Se trata de aceptar lo que se considere cierto de sus críticas, pero negándose, a entrar en mayores discusiones. De esta forma parece que se le cede la razón, sin hacerlo realmente, ya que la idea realmente se mantiene. Algún ejemplo puede ser:  “sí, es posible que tengas razón”, “en esto estoy de acuerdo”. Es muy importante que la modulación y el tono de voz sea tranquilo y relajado, ya que si se es tajante puede suscitar agresividad en el interlocutor.

3. Aplazamiento asertivo.

Se retrasa la respuesta, hasta estar más tranquilos y podamos responder adecuadamente. Es muy útil ante situaciones en las que la persona se siente abrumada. Se utilizan oraciones del tipo: “Este un tema muy complejo, mejor lo dejamos ahora, que tengo que hacer….” y si el interlocutor insiste, se utliliza la técnica del disco rayado para establecer el aplazamiento.

4. Procesar el cambio.

Se basa en desplazar el objeto de discusión analizando lo que está ocurriendo entre las dos personas. para ello, es necesario mantenerse calmado y algo distante, observando la situación, reflejando al interlocutor lo que está ocurriendo y aceptar una parte del origen conflicto. Por ejemplo: “estamos cansados los dos”, “no vamos a discutir ahora, le estamos dando demasiada importancia…”

5. No hacer caso.

Ignorar a la otra persona y explicarle que hasta que no se calme, no va a tener lugar la discusión, siempre de una forma tranquila y calmada, aceptando y respetando el enfado de la otra persona. Esta destinada fundamentalmente ante discusiones más agresivas, cuando nuestro interlocutor está exaltado.

6. La pregunta asertiva.

Consiste en parar y reflexionar, cambiando el punto de vista propio y valorar la crítica  como constructiva (aunque no sea del todo cierto). A través de preguntas y cuestiones sobre el objeto de la discusión, pediremos al interlocutor más información, para aclarar lo que ocurre o en qué quiere que cambiemos. Cuestiones del tipo “¿qué es exactamente lo que…”, “¿cómo podría mejorar…”

Esta técnica rompe la dinámica de la discusión y si la crítica no es constructiva, no podrá aportar argumentos.

 

 
Teresa Gallego Álvarez
Doctora en psicología
Gabinete de psicologia y salud. CUANTICA
C/ Vargas 55A  3ºB
Santander (Cantabria)
Utilizamos cookies de terceros en redes sociales para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.