Cómo afrontar un divorcio

conflicto parejas

Una separación o un divorcio implica inevitablemente un periodo de tiempo de ansiedad, miedo y tristeza. Según Colmes y Rahe (1967), los divorcios están situados en 2º y 3er lugar de los acontecimientos vitales estresantes y es, por lo tanto, importante prestarle la atención adecuada cuando se producen.

Aunque existe una variedad importante de reacciones ante los procesos de separación, que dependen de la personalidad, de la forma de afrontar los problemas, del tipo de relación, de las circunstancias, etc., se establecen una serie de patrones generales de respuesta, cuya duración es variable.

Los procesos por los que se pasa en esta situación, podríamos establecerlos en tres:

Conmoción, ira – Desorganización – Reorganización gradual.

Es un proceso similar al duelo en el que cada miembro de la pareja debe de ir adaptándose a su ritmo y evitando, en la medida de lo posible, más conflictos y situaciones que puedan dañar a la pareja o a los hijos en el caso de que existan. Este proceso oscila entre los 6 meses y los 2 años por término medio.

Afrontar un divorcio no es sencillo y requiere de entereza. Podemos tener dos posturas ante la situación: esperar a que el tiempo acabe con nuestro sufrimiento o actuar para resolver la situación. En un primer momento, la primera opción parece la más fácil, pero así no podremos dirigir nuestra vida a donde nosotros queramos, si no que será ella quien nos lleve. Debemos de tomar las riendas de nuestras vidas y avanzar hacia un objetivo.

Para hacer frente a una separación, es necesario sentirse fuerte, en la medida de lo posible, pensar en las soluciones menos dañinas para todos, tener una red social que nos apoye una vez pase el evento y tengamos que restablecer nuestras rutinas y nuestros hábitos.

Aunque es difícil aconsejar nada ante estas situaciones, sí existen pequeñas cosas, simples, que hacen que la etapa sea menos problemática y algo menos dolorosa. Alguno de ellos son:

  1. Reflexiona despacio: ¿Estás seguro/a de que deseas terminar? ¿Qué esperas de la separación? ¿habéis tenido alguna otra crisis anteriormente?
  2. Cuidado con el lenguaje. Es importante que seas empático y que midas tus palabras, que te pongas en el lugar del otro cuando le hables y seas claro/a
  3. Elige un lugar y un momento adecuado. Un lugar tranquilo, sin interrupciones, con tiempo y tranquilidad.
  4. Responsabilidad y franqueza. Por más que intentes tener cuidado, si no es de mutuo acuerdo, uno de los dos saldrá dañado, intenta no dejar puertas abiertas, y recurrir a un apoyo para el momento después de la situación
  5. No reprimas las emociones, deja que aparezcan y acéptalas. Exprésalas adecuadamente: en el momento, con la persona y en la forma adecuada.
  6. Date el tiempo que necesites para recuperarte y dedícate tiempo a tí, a tus hobbies, a tu familia, a tus amigos, a tu físico, a tu crecimiento personal, a tu trabajo…
  7. Piensa en algo positivo que vaya a resultar de lo que está sucediendo: tiempo para ti, más tiempo para tus hijos, hacer actividades que antes no podías, cambios que se aproximan que puedan animarte, etc…
  8. Busca nuevas actividades y relaciones que sean parte de tu nueva identidad: tienes la capacidad para construir una nueva vida donde encontrarte a gusto. Busca actividades que te motiven, que te llenen. Piensa en cosas que no hiciste y que ahora puedes hacer.
  9. Si tenéis hijos, buscad información para ayudarlos a vivir el proceso de la forma menos dolorosa posible, hablad con ellos. Formáis una familia aunque la pareja esté separada y los niños son el principal objetivo que debe evitar el sufrimiento. No intentéis “ganaros a los chicos” porque no es necesario, ambos padres son fundamentales en sus vínculos y lo que necesitan es tranquilidad, comprensión y cariño.
  10. Cuídate: Aliméntate de forma sana, invierte tiempo en hacer ejercicio y procura dormir o descansar lo mejor posible. Esto hará que te sientas mejor y recuperes tu energía antes.

 

Teresa Gallego Álvarez
Doctora en psicología
Gabinete de psicología y salud. CUÁNTICA
C/ Vargas 55A 3º
Santander (Cantabria)

Resolver conflictos familiares

Los conflictos de convivencia son habituales en la familia; en muchas ocasiones son derivados de las disputas por el incumplimiento de las normas, por diferentes intereses, por rivalidad entre los hermanos o por dificultades en la comunicación entre los miembros de la familia. Muchas veces estas situaciones conllevan una fuerte carga emocional y requieren por parte de los padres un ajuste emocional equilibrado que permita controlar sus propias emociones y las de  sus hijos.

Estas desavenencias familiares pueden resolverse mediante técnicas que, aunque a simple vista pueden parecer sencillas, requieren de un gran esfuerzo y de la inversión de tiempo necesario para acordar las soluciones; pero son fundamentales en el aprendizaje de una dinámica efectiva. De entre todas ellas, la técnica de resolución de conflictos más utilizada. Ésta consiste en analizar juntos las situaciones problema  y reflexionar sobre los componentes que generan el conflicto.

Las pautas a seguir son las siguientes:

1. Identificar el problema.

a. Observar las causas y la situación en los diferentes miembros ¿Cuál es la interpretación de los padres de lo que ocurre? ¿y de los hijos?

b. Analizar el estado de ánimo de cada uno ¿Qué están sintiendo los padres? ¿Cuál es la emoción que presentan los hijos?

c. Plantear el objetivo a lograr de cada miembro ¿Qué es lo que buscan los padres? ¿Qué quieren exactamente los hijos?

2. Proponer soluciones.

a. ¿ha ocurrido esto antes? ¿Se han solucionado? ¿Cómo?

b. Aportar numerosas soluciones para elegir después la más adecuada, cuantas más mejor, y sin juzgar si son buenas o malas ideas. Lo interesante es la cantidad frente a la calidad.

3. Previsión de consecuencias.

a. Valorar qué consecuencias tendrá cada solución.

4. Elección de la mejor solución.

a. Elegir entre todos la solución que sea más apropiada: justa, razonable, que permita resolver las diferencias y que facilite el bienestar emocional para todos.

5. Acción

a. Poner en marcha la solución escogida

b. Si no se resuelve el conflicto, poner en práctica aquella que se valoró como segunda opción.

Este método es utilizado para resolver conflictos tanto ante decisiones importantes, como para los pequeños conflictos y, además, ayuda a los hijos para que en el futuro aprendan una forma práctica de resolver conflictos y las posibles diferencias entre ellos y sus hermanos, amigos y compañeros de colegio.

 

 
Teresa Gallego Álvarez
Doctora en psicología
Gabinete de psicologia y salud. CUANTICA
C/ Vargas 55A  3ºB
Santander (Cantabria)

La llegada de un segundo hijo

Cuando llega un bebé se producen muchos cambios tanto en la familia, como en la pareja, en las rutinas o en la organización del hogar, con gran dedicación a los preparativos y en cubrir las necesidades del recién llegado.

Cuando además el bebé no es el primer niño, todos estos cambios afectan en gran medida al hermano mayor que puede recibir el acontecimiento de diversas formas. La aprobación dependerá en gran medida de cómo se le explique al niño el proceso del embarazo, y lo ideal es intentar implicarlo en el mismo, evitando que sienta desplazado, menos querido o menos atendido y que su reacción sea negativa ante tal suceso.

La educación de los niños no es fácil y hacer entender a un niño que a partir de ahora compartirá casa, padres y familia con otro que viene de camino, no es tarea sencilla.

Algunas pautas para evitar los celos entre los hermanos, pueden ser las siguientes:

Hacia el quinto o sexto mes de embarazo, es aconsejable explicar al niño la futura llegada del nuevo hermano, haciendo al niño participe del proceso. Para ello, es importante asignarle tareas de responsabilidad, la presencia del bebé como “nuestro”, que sienta las patadas o el movimiento, que tenga iniciativa para poner música en la tripa para su hermano, ilustrarle con cuentos, etc.

Es recomendable, así mismo, que el niño visite a su madre y al nuevo bebé tras el parto y que reciba atención haciendo partícipe y casi protagonista de la situación, pedirle ayuda si el niño está dispuesto, e implicarle en el cuidado del nuevo hermano.

De ahí en adelante, es importante hacer del hermano mayor un colaborador en el cuidado de su hermanito. Algunas pautas para afrontar esta nueva situación son las siguientes:

  • Reforzad todo lo que el niño haga para cuidar a su nuevo hermano y expresarle lo delicado que es, regañando si es necesario un comportamiento agresivo.
  • Premiad las conductas positivas, las ideas nuevas, las acciones espontáneas de participación.
  • Evitad las comparaciones. Cada niño es diferente y no puede ser comparado.
  • Estableced momentos de relación exclusiva con cada uno, hablando de sus sentimientos, de sus vivencias y experiencias.
  • Así mismo, hay que dejarles tiempo para que jueguen a solas ya que esto puede hacer más fuerta la unión.

Puede ser normal que aparezcan regresiones, como incontinencia urinaria, chuparse el dedo, un comportamiento infantil, etc.  pero no hay que darle excesiva importancia porque generalmente son momentáneos. La familia debe de formar un pilar, un grupo unido. Realizad actividades que adhieran a los miembros, donde cada uno tenga su papel y función.

 

 
Teresa Gallego Álvarez
Doctora en psicología
Gabinete de psicologia y salud. CUANTICA
C/ Vargas 55A  3ºB
Santander (Cantabria)

 

El sentimiento de culpa

Este sentimiento es definido como una emoción negativa que aparece ante el incumplimiento de normas éticas, o la creencia de haberlo realizado, especialmente si ello ha ido en perjuicio de otra persona. Su origen se establece en el desarrollo de la conciencia moral en la infancia y está influida tanto por las diferencias individuales como por las pautas educacionales recibidas y su función es concienciar a la persona de que ha cometido un error y facilita que se pongan en marcha los medios para la reparación.

La culpa se forma gracias a una serie de elementos: un acto causal, real o imaginario; la percepción y autovaloración negativa del acto y su emoción negativa asociada (remordimientos).

La culpa puede ser sana,  derivada de un perjuicio real y sirve para indicar cuál son los comportamientos adecuados para no perjudicar a quienes nos rodean o mórbida, en la que realmente no ha existido ningún fallo objetiva que justifique el sentimiento negativo. Éste sentimiento no ayuda a la adaptación al medio y puede alteraciones psicopatológicas como la depresión, cuando es excesiva  y no realista.

Cómo evitar la culpa excesiva o no realista.

En ocasiones la estrategia utilizada por las personas para evitar la culpase centra en la justificación, la negación o la minimización de los daños. Sin embargo, estas tácticas no son adecuadas, ya que intentan evitar la emoción sin afrontar el hecho.

La culpa excesiva hay que prevenirla, y para ello es necesario que se distinga bien dónde están los límites entre la culpa sana y la excesiva. Es importante para ello que seamos conscientes de que la emoción, la actitud y los pensamientos sobre los hechos, provienen de nosotros mismos, cada cual elige cómo se siente. Por lo tanto, el sentirse culpable es una elección.

La responsabilidad sobre un acto realizado sigue perteneciendo a la conducta emitida por cada uno, pero es importante variar las verbalizaciones con las que nos referimos al acto y a nosotros mismos. Las afirmaciones destructivas, facilitan el bucle de la culpabilidad no ayuda a la persona ni mejora el daño producido.

Para evitar los sentimientos de culpa, lo primero que debemos de hacer es valorar si estos son reglas rígidas que hemos introyectado de normas paternas y su adecuación en nuestra forma de ser o de pensar ( por ejemplo “deberia de tener matrimonio que dure siempre”) o si son deberes que nosotros nos autoimponemos y su flexibilidad. Los deberes deben de ser flexibles, realistas y que ayuden a lograr objetivos.

Algunas sugerencias para evitar los sentimientos de culpa son:

Identificar la conducta y el sentimiento de culpa. Si la razón por la que nos sentimos mal no es fácilmente identificable, cuestiónate el motivo por el que te sientes mal y qué podría ayudarte a estar mejor.

Valore el deber que se impone y observe: ¿incluye adjetivos como “totalmente, perfecto, nunca, siempre, cada, todos…”? utilice “preferiría” o “me gustaría” en lugar del “debería”

Olvide los conceptos de “bien” y “mal”, en lugar de ello plantéese ¿Cuales son los efectos a corto y a largo plazo sobre usted y sobre las personas implicadas? ¿Tiene sentido la norma?

Pregúntese si este pensamiento está acorde con quién es usted, las limitaciones, su situación, sus cndiciones, sus miedos, etc.

A veces, a pesar de que el sentimiento de culpa es claro, es dificil determinar el deber subyacente, para ello existe una técnica llamada “escalonamiento” para llegar al deber o norma básica: se basa en detectar la culpa y preguntarse ¿qué significa para mí haber hecho…? y si estoy…¿que significa para mí? hasta llegar a una afirmación nuclear sobre sí mismo.

 

Si efectivamente el sentimiento de culpa concuerda con un daño real, obviamente, podría:

Expresar el arrepentimiento a las personas perjudicadas. Explica que te sientes culpable y los sentimientos implicados en el malestar. La mayoría de las veces, las personas necesitan escuchar que la otra persona está arrepentida y por ello, es importante pedir perdón y explicar que no volverá a ocurrir.

Si se ha avisado con anterioridad de algún percance que pudiera ocurrir, dar las gracias a la persona por haber mantenido la compostura, por haber esperado un tiempo o por el hecho que haya realizado. Tampoco es necesario pedir disculpas constantemente, pero sí hacer saber a la otra persona que estás agradecido por la actitud.

Las personas que tienden a culparse a sí mismos con asiduidad,  presentan un importante malestar emocional, desvalorización y a la larga baja autoestima, inseguridad y sentimientos de tristeza. Prevenir los excesos de culpa y diferenciar cuándo es adecuado el sentimiento y cuando hay que detener los pensamientos es una actividad importante en la mejora personal y el bienestar emocional.

 
Teresa Gallego Álvarez
Doctora en psicología
Gabinete de psicologia y salud. CUANTICA
C/ Vargas 55A  3ºB
Santander (Cantabria)

 

 

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